Brasil está llendo hacia una crisis única, dice The Economist.

Según la revista, la situación financiera de Brasil está en riesgo.

cristo redentor
Luego de llamar al candidato presidencial brasileño, el diputado Jair Bolsonaro, de riesgo para la democracia. La revista británica The Economist, publica esta semana que Brasil está en camino de una crisis financiera única.

“El problema de Brasil es que las finanzas del gobierno están en un camino peligroso. La deuda pública aumentó del 60% al 84% del PIB en apenas cuatro años.” Dice la publicación.

The Economist resalta que esto se debe en gran parte al colapso de los ingresos después de 2013. Una recesión brutal que no ayudó. Y aclara, el presupuesto había sido favorecido por ingresos inesperados de un boom de comodities y gastos de consumo alimentados por crédito. Situaciones que no se repetirán, alerta.

Esto significa que los recortes de gastos son necesarios para reparar las finanzas públicas. Mientras los salarios del sector público crecieron rápidamente, el régimen previsional excesivamente generoso es un problema mucho mayor. Y continuará aumentando conforme Brasil envejece. “Las cosas podrían ser peores si no fuera por cuenta de una enmienda constitucional en 2016 que limita el aumento de los gastos públicos”, apunta la revista. En referencia a la EC nº 95. Hubo un intento de reformar el sistema jubilatorio, pero que fue abortado cuando el presidente Michel Temer fue implicado en los escándalos de corrupción que vieron a uno de sus antecesores ser destituido y otro preso, resalta.

En un Brasil diferente, la política buscaría conciliar las reivindicaciones de sus acreedores (que son casi todos los ahorristas brasileños), jubilados, funcionarios públicos y el resto del país. Este último grupo sufrió un ajuste en los servicios públicos y en los niveles de vida. Mientras tanto, los dos principales candidatos a la presidencia son figuras polarizadas que pueden sufrir para lograr hacer la reforma de la seguridad social.

A la publicación, el economista Arthur Carvalho, del Morgan Stanley, subrayó que un punto crítico puede ser en agosto próximo, si no antes. Ese es el momento en que se presentará el presupuesto de 2020. Y, si la reforma a la Seguridad Social no está en vigor, será necesario un gran ajuste en el gasto público.

En ese escenario, los acreedores quedarían asustados. Y, aunque los extranjeros tienen poco de la deuda de Brasil, todavía habría fuga de capitales. La moneda caería y habría aumento en el rendimiento de los títulos. A medida que los ahorristas brasileños anticipen la inflación y el caos económico que resulten de la creciente deuda pública, intentarán escapar de ella, afirma la publicación. Recordando que muchos ahorristas en otros lugares en América Latina poseen cuentas en dólares en el exterior como un escudo contra la inflación doméstica.

Nada es enteramente nuevo, señala. Los síntomas de las crisis pasadas en Brasil fueron inflación alta y déficit externos. Pero, detrás de eso, el problema era la política fiscal negligente, como apuntó el ex presidente del Banco Central Armínio Fraga, de Gávea Inversiones. En ese escenario, resalta The Economist, una corrección en el medio del camino puede evitar lo peor. ‘Brasil todavía puede administrar eso. Si no puede, los eventos probablemente ganarán fuerza dramática ‘, concluye la publicación.

Las crisis cambiarias

La publicación británica apuntó, citando al economista Rudi Dornbusch, que normalmente hay dos tipos de crisis cambiarias. El tipo pre-1990, que es lento, empezando con una tasa de cambio supervalorada, que da lugar a un déficit comercial y caída de las reservas de divisas extranjeras. Cuando se van, el juego acaba, la moneda cae, el ministro de Hacienda pierde el empleo, pero la vida continúa como antes, el mundo no se desmorona.

El segundo tipo de crisis es más potenciado, con un país que ya está acumulando muchos préstamos y asignándolos en malas políticas. Siendo capaz también de devorar miles de millones de dólares en mercados de capitales globales para uso indebido. Los bancos domésticos se unen a la fiesta, la economía crece y, cuando el flujo de capital repentinamente se revierte, la moneda entra en colapso. La bancarrota es generalizada y el daño es lo suficientemente grande para afectar a otros.

Sin embargo, para The Economist, Brasil parece exigir una tercera categoría de clasificación. “Las elecciones de este mes decidirán a su próximo presidente y al perfil de su Congreso, así que ellos moldearán la respuesta a una crisis financiera en cámara lenta. El drama probablemente será jugado en el mercado de cambio, el impacto puede ser de gran alcance. Brasil no presenta síntomas de una crisis anticuada de la balanza de pagos, ni está a merced del capital global. La crisis de Brasil es, en esencia, una batalla consigo mismo”.

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Author: InfoValor

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